lunes, 18 de enero de 2016

Florencia & Pisa, enero 2016




Empezaremos este año con el último viaje que hice.

No hay nada como hacer una escapada para reencontrarse a uno mismo, y, al mismo tiempo. Descubrir y aprender cosas nuevas. Italia no era precisamente un país que me atraía particularmente. Sin embargo, las circunstancias se dieron de tal forma que, hace unos días, viajé a Florencia y Pisa, y he de decir que ambas ciudades me sorprendieron gratamente.


Florencia, tal y como la describen muchas guías turísticas, es la ciudad del Renacimiento por excelencia, pero es muchísimo más que el famoso Ponte Vecchio o el David de Miguel Ángel, aunque también es verdad que me he quedado boquiabierta con él, y no precisamente por lo que muchos piensan sino más bien por la perfección con la que sus músculos y su mirada están esculpidos, una mirada que parece cambiar de pensativa hacia desafiante mientras uno va rodeando la estatua. 


En la ciudad, uno apenas puede caminar sin tropezarse con detalles arquitectónicos y seguramente históricos en las fachadas de los inmuebles, en sus puertas, en las fuentes,… Sin embargo, Florencia también es sinónimo, a su vez, de orden y caos, modernidad e historia, conservación y descuido,… Un sin fin de obras de arte, ya sea en materia de arquitectura, pintura o escultura, han sido o son objeto de renovación y pueden contemplarse, en los museos pero también en las plazas y calles. Sin embargo, otros edificios no corren la misma suerte y uno puede ver como el tiempo ha ido haciendo mella en ellos, sin que nadie parezca prestarles atención. 





 
Perderse por la calles de Florencia significa también mezclarse con la población local, descubrir lugares inesperados, e intentar hacerse entender para encontrar su camino, lo que, al final, no resulta tan complicado, pues Florencia es una ciudad bastante pequeña que puede recorrerse caminando. 

 

Alejarse un poco del centro e ir Oltrarno, es decir al otro lado del río Arno, le permite a uno tener una preciosa vista de la ciudad (y perderse por las calles de otro barrio muy antiguo y empinado de la ciudad).

 
Italia, el país de los helados también: si os apetece uno, os recomiendo la heladería Vivoli (Via Isola delle Stinche, 7r), donde, además de los sabores más tradicionales, tienen suculentos helados de sabores tan poco comunes como arroz u hojaldre. Para comer, descubrimos la primera planta del Mercato Centrale (Piazza del Mercato Centrale, 4): 12 puestos de comida y bebida tradicional, entre ellos uno vegano y vegetariano, una “birrería”, una pizzería, una heladería,… con mesas y asientos en medio para que cada uno vaya a buscar lo que más le apetezca y coma con sus amigos, todo aquello al lado de la escuela de cocina de la ciudad. También descubrimos por casualidad I’Tosto (Via de’ Servi 8r), un establecimiento que prepara bocadillos tostados muy grandes y muy buenos.


Pisa es otra ciudad pequeña que puede visitarse en un día y medio. Pero no nos equivoquemos: Pisa es mucho más que la Torre Inclinada o el conjunto monumental donde se encuentra esta. Pisa es una ciudad rodeada de muralla, con unas calles llenas de historia y de edificios sorprendentes, empezando por Santa María Della Spina, pequeña iglesia construida en el borde del río. 



 

La Piazza dei Cavalieri es otro sitio donde uno podría pasarse horas mirando cada uno de los numerosos detalles de los edificios que la conforman. No olvidemos tampoco las torres medievales ni la Fortezza di Sangalio, o los numerosos callejones que encierran plazas y edificios con olor a un pasado lejano. 


Estando en el la Piazza del Duomo (allí donde está la famosa Torre), fuimos a comer al Ristorante Il Turista (Piazza Arcivescovado, 17). Nos fue recomendado, sino, en la vida habríamos entrado a un sitio con tal nombre, y, aunque bien es cierto que algunos turistas van allí, también he de decir que nunca probé Fusili al Pesto tan buenos como los que comí allí. 


En cuanto al trato de la gente con la que nos encontramos tanto en una ciudad como en otra, por lo general, fue muy amable y acogedora. Un consejo en cambio, cuando caminéis, tened mucho cuidado donde piséis pues el estado de las aceras y calles parece remontar, en muchos casos, a la época del renacimiento también… el día que llegué, dejé de contar muy pronto el número de veces que me había tropezado ya.



3 comentarios:

  1. Maravillosa cronica y muy bien explicada con todo tipo de detalles me ha gustado mucho la verdad

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  2. Genial como siempre mejor explicado casi imposible he vurto a viajar allí después de 30 años con tu narracion.me ha gustado el punto picante de David. Besos. JAC

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  3. Muchísimas gracias por vuestros comentarios!!

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